domingo, 22 de abril de 2012
Besos
Yo no te voy a mandar más cartas con besos, ni mensajes, ni correos. De qué me sirve imaginame la decodificación de este lado para viajar por el aire o por cables, si acá no llega tu aliento a caramelo duro mentol o a chicle topline. De qué me sirve mandarte abrazos -de oso- si no siento cómo me apretujan el pecho, hasta sin aire quedarme. Voy a parar con todos los deseos; esperar tenerte enfrente para tocarte, sonreirte y alejarme. Porque ya no quiero imaginarme tus besos, quiero abandonar nuestros labios, llenos de polvo, de tanto olvido, de tanto lejos.
domingo, 15 de abril de 2012
Desquiciada mental
6:30 am Arriba en la estación de tren. La cual se encuentra a 4 cuadras de su casa. Camina recto dos, y debe doblar a la derecha para hacer dos más. En ese momento tiene la sensación que alguién camina tras ella. Lo ve. Ve al sospechoso. No dobla, decide caminar recto hacía la Av. Juan B. Justo, ubicada a sólo dos cudras más. Se agita. Respira rápidamente, el corazón no para de correr. Apura el paso. Llega a la estación del Metrobus. Saca un cigarro de su cartera, lo fuma tranquilamente.
6:45 am Decide quedarse ahí hasta que salga el sol. Decide quedarse ahi hasta terminar el cigarrillo.
6:50 am Decide no esperar más, e ir a su casa a dormir. Un hombre se para desde la punta de la estación y la mira, mientras busca fuego. Él decide cruzar la calle. Prende un cigarro y la sigue observando. Camina unos 20 metros, la tiene frente, completamente frente a si, con la distancia del alfalto. Vereda a vereda.
Ella se asusta, la respiración vuelve a ser rápida, y corre un calor por su cuerpo. Una extraña sensación reflotaba en su interior, casi como trasladándose a otro espacio virtual. Creíase que aquel hombre era un aparecido, cual personaje de la serie "Dead like me". Desde ese estadío desesperado, considera una urgencia alejarse de aquel tipo. Sabiendo que simplemente pasar por al lado de él significaba le quitara el alma para una muerte rápida y sin dolor. Es condición sine qua non alejarse de aquel lugar para no pasar de la vida a la muerte. Por ende, decide contar las monedas que le quedan, que han de ser pocas. Tomarse el 34 hasta la estación Nazca (diez cuadras de ahí).
7.30am Baja del bondi y para un taxi.
7.50am Por fin, luego de momentos incómodos, la srita, aún viva, llega a su casa.
6:45 am Decide quedarse ahí hasta que salga el sol. Decide quedarse ahi hasta terminar el cigarrillo.
6:50 am Decide no esperar más, e ir a su casa a dormir. Un hombre se para desde la punta de la estación y la mira, mientras busca fuego. Él decide cruzar la calle. Prende un cigarro y la sigue observando. Camina unos 20 metros, la tiene frente, completamente frente a si, con la distancia del alfalto. Vereda a vereda.
Ella se asusta, la respiración vuelve a ser rápida, y corre un calor por su cuerpo. Una extraña sensación reflotaba en su interior, casi como trasladándose a otro espacio virtual. Creíase que aquel hombre era un aparecido, cual personaje de la serie "Dead like me". Desde ese estadío desesperado, considera una urgencia alejarse de aquel tipo. Sabiendo que simplemente pasar por al lado de él significaba le quitara el alma para una muerte rápida y sin dolor. Es condición sine qua non alejarse de aquel lugar para no pasar de la vida a la muerte. Por ende, decide contar las monedas que le quedan, que han de ser pocas. Tomarse el 34 hasta la estación Nazca (diez cuadras de ahí).
7.30am Baja del bondi y para un taxi.
7.50am Por fin, luego de momentos incómodos, la srita, aún viva, llega a su casa.
miércoles, 11 de abril de 2012
Dejame ver algún día como ven tus ojos (Veintiuno ((retazo)) )
Apenas nos separan unas horas y unas cuadras y ya mi pena se llama pena, mi amor se llama mi amor... Cada vez iré sintiendo menos y recordando más, pero qué es el recuerdo sino el idioma de los sentimientos, un diccionario de caras y días y perfumes que vuelven como los verbos y los adjetivos en el discurso, adelantándose solapados a la cosa en sí, al presente puro, entristeciéndonos o aleccionándonos vicariamente hasta que el propio ser se vuelve vicario, la cara que mira hacia atrás abre grandes los ojos, la verdadera cara se borra poco a poco como en las viejas fotos. Y no le hablo con las palabras que sólo han servido para no entendernos, ahora que ya es tarde empiezo a elegir otras, las de ella, las envueltas en eso que ella comprende y que no tiene nombre, auras y tensiones que crispan el aire entre dos cuerpos y llenan de polvo de oro una habitación o un verso. ¿Pero no hemos vivido así todo el tiempo, lacerándonos dulcemente? No, no hemos vivido así, ella hubiera querido pero una vez más yo volví a sentar el falso orden que disimula el caos, a fingir que me entregaba a una vida profunda de la que sólo tocaba el agua terrible con la punta de pie. Hay ríos metafísicos, ella los nada como esa golondrina está nadando en el aire, girando alucinada en torno al campanario, dejándose caer para levantarse mejor con el impuso. Yo describo y defino y deseo esos ríos, ella los nada. Yo los busco, los encuentro, los miro desde el puente, ella los nada. Y no lo sabe, igualita a la golondrina. No necesita saber como yo, puede vivir en el desorden sin que ninguna conciencia de orden la retenga. Ese desorden que es un orden misterioso, esa bohemia del cuerpo y el alma que le abre de par en par las verdaderas puertas. Su vida no es desorden más que para mí, enterrado en perjuicios que desprecio y respeto al mismo tiempo. Yo, condenado a ser absuelto irremediablemente por quien que me juzga sin saberlo. Ah, dejame entrar, dejame ver algún día como ven tus ojos.
domingo, 8 de abril de 2012
Ochenta y uno
(...) Procuremos inventar pasiones nuevas, o reproducir las viejas con pareja intensidad.
Siete.
Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano por tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.
Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y nuestros ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua.
Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y nuestros ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua.
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