Qué poca capacidedad de moderación, de análisis, de control, de freno; qué pequeños nos sentimos -somos- ante ciertas circunstancias. Y podríamos llegar al cielo, pero nunca -NUNCA?!- aceptarnos.
A veces, enfrentarnos. Y descubrir, descubrir cómo pisar firme...
Ya no hay intersecciones, ni cruces, ni paralelismo , ni diversión. Podríamos incluso ahogarnos, pero para qué, si ya nos matamos.
Qué poca capacidad de diálogo me faltó decir. Cuántos -miles- pensamientos frustrados; tu -mi- timidez; desiterés, también; -¿nuestro?- no poder ajustar tuercas en el momento exacto.
Nos deseamos. -¿nos deseamos?-. Nos tocamos, mordemos. Nos fastidiamos, nos ahuyentamos. Nos acercamos -¿nos sentimos?- Nos alejamos y quebramos.
Aquel infinito consiguió un estadio permanente, y lo más sorprendente es justamente concluir; sí, concluir. Como siempre, expirar este pedazo sin nombre; y, romper el círculo.
Pero sobre todo, lo más extraño es que simplemente sucedió.... ¿Factores? ¿Hechos? Sí, siempre los hay; pero no hay razón para analizar.
Introspección. Desafio. Crisis. Destrucción. Lineamiento.
Por fin, era quizás, lo que esperábamos, quizás no. No sé. Las decisiones dúo nunca estuvieron de moda entre nos.
Y qué alegría la no afectación, la firmeza al fin.
Y qué alegría no ser así, así...
(Sos como un médico, no como un poeta.)
No hay comentarios:
Publicar un comentario